
La pintura como la vida misma se nutre de diferentes circunstancias, de las cuales nos llegan a través de esta exposición dos momentos distintos que se hacen complementarios en la pintura de Ivan Romero, quien dialógicamente nos presenta lo etéreo y lo denso, lo sutil y lo agreste, lo reflexivo y lo espontáneo. Totalidad enmarcada en un tiempo/espacio sincrónicos en los que todo tiene cabida y tanto el orden como caos se hacen necesarios para dar continuidad a un proceso creativo cuya investigación parte de la observación y la vivencia, sustrayendo de éstas las sensaciones y estados que le producen tanto el vuelo sutil de una mariposa como el emerger de una rara flor del jardín botánico; pero también la tormenta, la nostalgia, la soledad y el silencio de los paramos andinos… transmigrando así estas sensaciones a la tela o al papel tras un proceso de síntesis basado en un accionar que se detiene y reflexiona sobre lo hecho para accionar de nuevo y convertir este tránsito en pintura.