lunes, 25 de julio de 2011

JARDINES DEL SILENCIO

EXPOSICIÓN DE TESIS
REVERÓN / UNEARTE
Al tratar de comprender los procesos de síntesis por los que transita la imagen que se aloja en mi memoria y cómo desde la observación y vivencia del paisaje, que va de lo macro, estando inmerso en un páramo de los Andes venezolanos o navegando a través del lago de Maracaibo y almacenar toda la información consciente e inconsciente a la que se está expuesto, transformarla en posibilidad expresiva, o desde lo micro, estando sentado en un recodo del Jardín Botánico y contemplar las manchas que el polvo, la lluvia, el paso del tiempo van grabando en la madera que se deteriora, al no perder de vista los detalles que ofrece una hoja seca, el vuelo de una semilla, los mohos y hongos adheridos a los árboles, los peces y las floraciones en las pequeñas lagunas, las exuberantes bromelias. Es así como, tras el asombro que me causan estas expresiones naturales que se sintetizan en mancha, busco hilvanar cada detalle, hacer conciencia de las sensaciones que me producen, de las asociaciones que hago y de los resultados plásticos obtenidos en el taller.



Hay diversas fuerzas que mueven en mí la necesidad de pintar, entre ellas, porque es un ejercicio reflexivo que me lleva a encontrarme, tal vez de esta manera pueda encontrar razones para encontrar al otro por medio del acercamiento al que induce la pintura.

Al tratar de comprender los procesos de síntesis por los que transita la imagen que se aloja en mi memoria y cómo desde la observación y vivencia del entorno, del paisaje, que va desde lo macro, como el estar inmerso en un páramo de los andes venezolanos y almacenar toda la información consciente e inconsciente a la que se está expuesto, para luego transformarla en posibilidad expresiva, o desde lo micro, como al estar sentado a la mesa de mi jardín y contemplar las manchas que el polvo, la lluvia, el paso del tiempo van grabando en la madera que se deteriora, al no perder de vista los pequeños detalles que ofrece una hoja seca, una semilla de piñón, los mohos y hongos adheridos a las paredes producto de las lluvias… es así como tras la observación y el asombro que me causan estas expresiones de la naturaleza que se sintetizan en mancha, busco hilvanar y comprender cada detalle, hacer conciencia de las sensaciones que me producen, de las asociaciones que hago y de los resultados plásticos obtenidos en el taller.

Lo que persigo con mi trabajo, más allá de ser una mera causa estética, se alimenta con la idea de ser también, una ruta al encuentro con lo espiritual, al gozo y a la reflexión, que tanto yo en el proceso de observación, meditación, abandono de la idea, procesamiento y síntesis mental, ejecución de la pintura, como el otro, ante el resultado plástico que le permite descubrirse a sí mismo al establecer contacto con las pinturas, convirtiéndose éstas en detonantes de ideas y asociaciones, se puedan desarrollar estados mentales que conducen a generar introspección y, de esta manera, como decía al principio, al ejercicio reflexivo que permite el descubrimiento de uno mismo.

Es pues mi pintura el resultado de vivencias, sensaciones, observación, síntesis, con nuevas posibilidades interpretativas desde la subjetividad de cada individuo y utilizando como recurso el gesto, la mancha, la pincelada, la huella y el color.

Ivan Romero



Las montañas primaverales ciñen una guirnalda de nubes y de vapores; allí, el hombre se siente alegre. Las montañas de verano rebosan de frondosidades umbrosas; allí, el hombre está en paz. Las montañas de otoño están serenas mientras caen las hojas; el hombre parece grave y solemne. Las montañas en invierno están cargadas de nubes oscuras y espesas; el hombre permanece lejano y silencioso.

Kuo Hsi (En el Shan-shui shun)

martes, 12 de abril de 2011

Deyabú


Exposición que repite la experiencia de la pasada muestra en Londres, manteniendo el mismo concepto de acercar la pintura de Ivan Romero y la de Rodolfo Villaplana, en esta oportunidad en la Galería "Espacios Libres" del Centro Cultural El Hatillo - Venezuela.

Deyabú

El fenómeno psicológico llamado “dejavú”, la extraña sensación de lo ya visto, suele movilizar el ancestral oficio de la reminiscencia. Su aparición nos interroga la memoria y a través de ella la identidad y el hilo verdadero de la propia historia. Su imprevisto mecanismo homologa e invierte, desde una vivencia ingenua y serena, el de “Lo siniestro”, ese estado opuesto que Freud describió como un sentimiento extraño en lo familiar. El segundo impregna sordamente de angustia lo que en el primero aparece como súbita sorpresa. Ambos nacen de interrogar la cotidianidad dogmatica con una dimensión desconocida. Esa perplejidad tiene el don de relativizar el orden del tiempo, las jerarquías sólidas que igualmente nos sostienen y nos resisten. Para esta exposición, “Deyabú”, con todo el vigor coloquial, parece sugerir con ironía esa suerte de repetición inquietante. Como lo prueba el tiempo, ninguna repetición repite igual, especialmente en las apuestas del arte: los mismos dados cambian en cada tirada.

El final de la pintura o la abolición de su novedad, ya que de eso se trata, gira en el ancho orbe polémico de nuestra época, pero lo cierto es que su crepuscular dictamen pertenece más a la historia del arte que a su ejercicio real. Su constante retorno, el tenaz ejercicio de sorpresa, ilustra que pintar sigue siendo un anhelo remoto y actual, un fervor originario para poblar de sentido todas las culturas, con prescindencia de las épocas. Sabemos que pintar preexiste a la escritura y que su función simbólica ha sido paralela a la del lenguaje. Los vertiginosos medios nuevos y la rebosante civilización digital parecen haberla enviado a la prehistoria, pero su impulso siempre vuelve. No se trata de la mala salud de hierro de un género que se resiste, sino de la presencia irreversible de una condición central de la expresión humana. Su trazo ha distanciado y aproximado al mundo, y lo ha reformulado desde las paredes de las cuevas hasta nuestros días; también acostumbra a retornar sobre su propia historia para repasarla, revisarla y reflexionarla; una afirmación poderosa de que su trascendencia ocurre dentro de sí misma.

David Hockney había sostenido que la invención de la fotografía en 1839 no era la muerte de un arte, como a veces se sostuvo, sino su continuación, el perfeccionamiento de las cámaras oscuras, los espejos y los artificios ópticos que habían desarrollado los pintores desde siglos atrás. La fotografía tan sólo habría incorporado la química a la exploración de aquellos ingeniosos gabinetes renacentistas. En algún sentido, es el mismo soplo de la pintura, la incansable avaricia del ojo antiguo que atravesaba la ambición del daguerrotipo. Igualmente, es ese mismo arcano imaginario el que sostiene tanta ingeniería visual actual, ya desprendida del oleo y el pincel al que continúan. No obstante, aquel vínculo original persiste vivo, no como ceremonia iniciática del arte, sino como protoplasma de la visualidad, oferta que se muestra ineludible desde la infancia. Nos resulta enfáticamente vigente en un tiempo que disuelve los sentidos lineales de la historia y sus fetichizadas etapas. No hay allí repetición en la pintura, sino comentario desde el oleo mismo. Distinta que la ciencia, el arte no requiere el progreso: en el origen está la meta solía decir K Kraus.

El intento de pintar, retomar el color y las formas, adquiere por ello en Rodolfo Villaplana el carácter de una doble afirmación. Su experiencia no desconoce la historia, el diseño, y los nuevos desarrollos que su pintura retoma como diálogo y rememoración. Esa conciencia contemporánea se expresa en la práctica de esbozar situaciones clásicas, con recorridos vigorosos del óleo, para hacer visualmente tratable las extrañas condiciones humanas, sus estados límites, con proyectos de captación de lo sufriente, narración inacabada, señal con que la pintura nos indica su propio nacimiento para redimir lo real. Un espacio dislocado, exasperante, suele acompañar ese interior puesto afuera.

En el caso de Ivan Romero, su ahondamiento en las formas prescinde de todo compromiso que no sea “el momento”, ese vellocino de oro de los impresionistas, ilustrando que el impresionismo no pertenece tanto a la historia del arte como a la eterna épica del instante. En este caso, con envolturas subjetivas en paisajes locales, presencias mínimas y vértigos anímicos del Caribe, con los que hereda, sin duda, la vocación histórica por la luz que caracteriza nuestra pintura. Ese magma vivencial procura demorarse en resonancias que susciten prolongadas reminiscencias y amplíen la meditación.

Ambos pertenecen a una generación venezolana más suspendida, sin deudas con la historia, las corrientes y las academias, por lo que avanzan naturalmente a renovar la pureza del origen, una primigenia fidelidad a la dicha elemental de la pintura.

Fernando Yurman




Más fotografías

jueves, 10 de febrero de 2011

Pinturas Recientes, Final de la temporada 2010


Esta etapa de mi pintura se desarrolla a partir de la observación de fenómenos naturales tales como la bruma que se arremolina y se disipa en la montaña, las bandadas que migran de un lugar a otro, la solemnidad que provocan un alba o un ocaso, lo diminuto como las manchas encontradas en el florecer de una bromelia o una orquídea, el movimiento de los peces en un estanque, o la descarga de semillas de un árbol de caoba que giran y flotan en el aire. Todas estas observaciones y vivencias se traducen a través de un proceso de resemantización exaltando las sensaciones y emociones recogidas de tales experiencias que luego se proyectan a la pintura para develar entonces estados mentales / espirituales. Se busca también despertar en las personas que entran en contacto con mis pinturas estados de reflexión y contemplación que les permitan comprenderlas desde sus propias emociones e interioridad.



Gotas de azar - 2010 . Acrílico/tela . 153x176cm


Ensueños - 2010 . Acrílico/tela . 160x180cm


Cielo enrarecido - 2010 . Acrílico/tela . 160x180cm


Corazón en llamas
- 2010 . Acrílico/tela . 188x148cm


Éxodo - 2010 . Acrílico/tela . 81x178

domingo, 9 de enero de 2011

Arte Proceso

Experiencia de producción abierta al público

Tras algunas reuniones con Pedro Sanz, director encargado de Artes Visuales del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) surge la idea de dar inicio al proyecto que se bautizó con el nombre de “Arte Proceso”, el cual no debe confundirse con el conocido “Arte Procesual” (desarrollado entre el 18 de Julio y el 10 de octubre de 2010) mismo que abordamos un grupo de artistas integrado por tesistas y exalumnos del IUESAPAR / UNEARTE. Éste proyecto tenía la clara intención de generar un dialogo abierto entre los artistas y sus procesos creativos con la mirada de los espectadores que se acercaban a las salas Rómulo Gallegos (RG) I y II.

La manera bastante novedosa, para Venezuela, si se quiere, consistió en recrear los talleres de producción de cada participante en los espacios expositivos, brindando así la posibilidad de mostrar abiertamente al público los modos y las operaciones plásticas, generando de forma dialógica un encuentro con los otros, esos para quienes tradicionalmente están vedados estos procesos; por otra parte el hecho de que las personas que se acercaban tuvieran la oportunidad de generar conversaciones en las que preguntaban todo aquello que no comprendían, donde planteaban preguntas casi comunes sobre qué es lo que uno hace, cómo lo hace, y tantas otras, las cuales a su vez exigían de cada uno de nosotros reflexión constante y eso, a mi modo de ver, contribuyó a generar un pensamiento crítico en torno la propia producción.

De esta experiencia surge una especie de conciencia más clara en torno a mi trabajo, contribuye a madurar en cierto grado la pintura que venía haciendo, pero el fenómeno más importante de toda la experiencia fue el aprendizaje obtenido al dialogar con la gente, al escuchar sus comentarios sobre lo que veían, lo que sentían, lo que se les activaba al plantarse frente a mis piezas y luego ver cómo sus pensamientos e interpretaciones, en algunas oportunidades coincidían con mis intenciones, con mis sensaciones y emociones en torno a las pinturas, a cada una de ellas.

martes, 28 de septiembre de 2010

Momentos


Continúa abierta al público hasta el 29 de octubre de 2010 en los espacios de la Alianza Francesa Paseo las Mercedes.

La pintura como la vida misma se nutre de diferentes circunstancias, de las cuales nos llegan a través de esta exposición dos momentos distintos que se hacen complementarios en la pintura de Ivan Romero, quien dialógicamente nos presenta lo etéreo y lo denso, lo sutil y lo agreste, lo reflexivo y lo espontáneo. Totalidad enmarcada en un tiempo/espacio sincrónicos en los que todo tiene cabida y tanto el orden como caos se hacen necesarios para dar continuidad a un proceso creativo cuya investigación parte de la observación y la vivencia, sustrayendo de éstas las sensaciones y estados que le producen tanto el vuelo sutil de una mariposa como el emerger de una rara flor del jardín botánico; pero también la tormenta, la nostalgia, la soledad y el silencio de los paramos andinos… transmigrando así estas sensaciones a la tela o al papel tras un proceso de síntesis basado en un accionar que se detiene y reflexiona sobre lo hecho para accionar de nuevo y convertir este tránsito en pintura.



miércoles, 14 de julio de 2010

"Venezuelan Art" Iván Romero & Rodolfo Villaplana en Londres


Con el título de "VENEZUELAN ART" será inaugurada la exposición de arte latinoamericano organizada por la GIFT 10 Vyner Street, de la ciudad de Londres con la cual la galería da la bienvenida al color y el calor Venezolano y Caribeño de estos dos artistas en cuyas obras se manifiestan el espíritu y la energía de esta región del mundo.

Rodolfo Villaplana nacido en Valencia (Venezuela), ha estado trabajando y viviendo entre Toscana y París desde 2006. Después de haber estudiado en España y Venezuela, ha expuesto en Siena, Barcelona, Roma y Berlín, entre otras capitales importantes del arte. Su obra es de cierta intensidad gestual, cuya ejecución devela una pincelada y movimiento de mucha libertad y gran energía. El uso del color es a la vez intenso y sugerente, la creación de un entorno que abarca situaciones de la cotidianidad en la que aparecen personas comunes como un heladero que transita con su carrito o una dama de bar hasta el viejo que sentado a un banco de plaza sugieren estados de reflexión en los que se consiguen al ser humano que hay detrás de la mera imagen.

Ivan Romero Nacido en San Félix (Venezuela), su formación y trabajo inician desde la periferia hacia el centro, desde San Cristóbal hacia Caracas y desde Caracas Hacia Colombia, España y ahora Reino Unido… Su trabajo plástico que transita entre el gesto espontáneo y fuerte pincelada o las brumas y nieblas que abordan el vacío como contenedor del todo, deteniéndose en estados reflexivos que le permiten entender lo sucedido para dar paso a la siguiente intervención, es entonces su pintura un transito entre la acción-reflexión-acción, cargado de color y gesto, su obra es abordada desde la resemantización del paisaje busca generar estados de ensimismamiento, son motivo para su pintura una tempestad, un atardecer, una flor o una semilla de los cuales extrae detalles y sensaciones que después transpola a sus telas.

La exposición “Ivan Romero & Rodolfo Villaplana” organizada por la Gift Gallery se inaugurará el proximo 1 de Julio y estará abierta al público Londinense y visitante hasta el 13 de Agosto de 2010.

Más información en:

http://www.10vynerstreet.com/IVAN_ROMERO/ivan_romero.html

http://www.10vynerstreet.com/july2010exhibition.html


domingo, 25 de abril de 2010

Cantos de Aves a las 5:30

Pieza sonora del paisaje de los chorros re-interpretando los cantos de aves.