lunes, 26 de septiembre de 2011

Arte a la Carta







Fotografía:Norma Guzman

viernes, 9 de septiembre de 2011

Pinturas 2011


Piezas con las que arranca la nueva temporada
.







miércoles, 3 de agosto de 2011

Gran premio del X Salón ARMANDO REVERÓN

X Salón Armando Reverón - Merida 2011

Participar del X Salón de Arte “Armado Reverón” de la ciudad de Mérida ha sido para mi muy gratificante, pues ha traído consigo grandes sorpresas, primero quedar seleccionado tras enviar la pieza a concurso. Trascurrido algún tiempo regresando muy cansado, quemado y triste de la isla de Margarita (por haberla abandonado tan pronto) recibo el telefonema de la Directora del Museo de Arte Moderno Juan Astorga Anta (Carolina Carrero) notificándome que había ganado el Gran Premio del Salón, al principio muy emocionado le comente a Ali mi compañera que estaba a mi lado y de verdad la noticia nos hizo muy felices… Días después me dio un pequeño ataque de paranoia pues como nunca había ganado un primer premio me atacaron ideas locas; y si era una equivocación, o una mala broma de alguien? Esto me daba vueltas y vueltas en la cabeza, pues en ningún medio oficial habían publicado noticia alguna, día a día revisé la red para no encontrar ninguna publicación sobre los resultados del salón… tímidamente le envié un mensaje a Carolina Carrero quien me reconfirmó la noticia, ya más tranquilo organice el viaje desde mi querida Caracas hasta la ciudad de los caballeros.

Luis Alfonzo Rodríguez, representante de Fundecem, declaraba para el día de la clausura y entrega de premios que en el X Salón Armando Reverón que abriera sus puertas el pasado mes de mayo, hubo una presentación de 170 obras de artistas plásticos de todo el país. Dichas piezas fueron expuestas en el Museo de Arte Moderno Juan Astorga Anta, en el Museo de Arte Colonial y en la Casa Bosset, instituciones museísticas de la ciudad de Mérida.

Tuve la fortuna de recibir el primer lugar o “Gran Premio”, con una pintura que veremos más adelante; el segundo lugar, también con una obra bidimensional, le fue otorgado al artista Johan Galué, del Estado Zulia, y el tercer premio lo recibió la artista merideña Krisbeth Rangel con una obra tridimensional; el premio del público le fue asignado a David … ;también se premiaron los trabajos de nuevas tendencias; quien lo ganó fue un grupo de Barquisimeto, el Colectivo Metáfora Accional, con una performance que se realizó el 27 de mayo durante la apertura.

Se entregó también una mención honorífica para bidimensional a la artista Annie Vásquez representante del estado Táchira; en tridimensional al autor merideño Neder Peña y en Nuevas Tendencias, a otra merideña, Anabel Ruiz.

La convocatoria del Salón hacía hincapié en la libertad de creación y propuesta de cada artista pero también en que de alguna manera hubiese un nexo, una influencia, algún acercamiento con la obra del Maestro Armando Reverón. Guardando las distancias por supuesto, yo aparte de ser Reveroniano por ser formado en el IUESAPAR / UNEARTE, he seguido algunas de las ideas de Reverón con relación a la presencia de atmósferas, la luz, la inclinación por el paisaje natural desde la reinterpretación y la emocionalidad, sin embargo mi trabajo es en gran medida cargado de color, de gesto, de esas mismas emociones que recojo a diario en la vida; al presentarse el momento de seleccionar la pintura indicada para competir en el salón Armando Reverón busque en mi taller una que fuese sutil pero que tuviese la fuerza y el impacto necesarios, en donde las transparencias y las brumas jugaran un papel importante, en donde el vacío activo y lo lleno se plantaran sin molestarse, bajo estas premisas tras una larga selección me decidí por la pieza “Hay un lugar en donde las flores flotan como aves” considerando que ella cumplía con las ideas que rondaban por mi mente. También quise darle una oportunidad a esta pintura y es que se había quedado casi fría, pues por diferentes circunstancias no la pude enviar al Salón de Cabriales edición 2010, luego quise enviarla al Salón Aragua y me quedé con ella embalada y en la puerta del taller… pasados cerca de dos años se presentó el Salón Armando Reverón y casi a última hora Cantor pudo buscarla en mi taller y llevarla a concurso (por cierto, muy agradecido con Cantor, sin su dedicado trabajo de transportación e inscripción de obras los salones de arte del país no serían lo mismo).

Hay un lugar en donde las flores flotan como aves - 2009 . Acrílico/tela . 150x200cm


lunes, 25 de julio de 2011

JARDINES DEL SILENCIO

EXPOSICIÓN DE TESIS
REVERÓN / UNEARTE
Al tratar de comprender los procesos de síntesis por los que transita la imagen que se aloja en mi memoria y cómo desde la observación y vivencia del paisaje, que va de lo macro, estando inmerso en un páramo de los Andes venezolanos o navegando a través del lago de Maracaibo y almacenar toda la información consciente e inconsciente a la que se está expuesto, transformarla en posibilidad expresiva, o desde lo micro, estando sentado en un recodo del Jardín Botánico y contemplar las manchas que el polvo, la lluvia, el paso del tiempo van grabando en la madera que se deteriora, al no perder de vista los detalles que ofrece una hoja seca, el vuelo de una semilla, los mohos y hongos adheridos a los árboles, los peces y las floraciones en las pequeñas lagunas, las exuberantes bromelias. Es así como, tras el asombro que me causan estas expresiones naturales que se sintetizan en mancha, busco hilvanar cada detalle, hacer conciencia de las sensaciones que me producen, de las asociaciones que hago y de los resultados plásticos obtenidos en el taller.



Hay diversas fuerzas que mueven en mí la necesidad de pintar, entre ellas, porque es un ejercicio reflexivo que me lleva a encontrarme, tal vez de esta manera pueda encontrar razones para encontrar al otro por medio del acercamiento al que induce la pintura.

Al tratar de comprender los procesos de síntesis por los que transita la imagen que se aloja en mi memoria y cómo desde la observación y vivencia del entorno, del paisaje, que va desde lo macro, como el estar inmerso en un páramo de los andes venezolanos y almacenar toda la información consciente e inconsciente a la que se está expuesto, para luego transformarla en posibilidad expresiva, o desde lo micro, como al estar sentado a la mesa de mi jardín y contemplar las manchas que el polvo, la lluvia, el paso del tiempo van grabando en la madera que se deteriora, al no perder de vista los pequeños detalles que ofrece una hoja seca, una semilla de piñón, los mohos y hongos adheridos a las paredes producto de las lluvias… es así como tras la observación y el asombro que me causan estas expresiones de la naturaleza que se sintetizan en mancha, busco hilvanar y comprender cada detalle, hacer conciencia de las sensaciones que me producen, de las asociaciones que hago y de los resultados plásticos obtenidos en el taller.

Lo que persigo con mi trabajo, más allá de ser una mera causa estética, se alimenta con la idea de ser también, una ruta al encuentro con lo espiritual, al gozo y a la reflexión, que tanto yo en el proceso de observación, meditación, abandono de la idea, procesamiento y síntesis mental, ejecución de la pintura, como el otro, ante el resultado plástico que le permite descubrirse a sí mismo al establecer contacto con las pinturas, convirtiéndose éstas en detonantes de ideas y asociaciones, se puedan desarrollar estados mentales que conducen a generar introspección y, de esta manera, como decía al principio, al ejercicio reflexivo que permite el descubrimiento de uno mismo.

Es pues mi pintura el resultado de vivencias, sensaciones, observación, síntesis, con nuevas posibilidades interpretativas desde la subjetividad de cada individuo y utilizando como recurso el gesto, la mancha, la pincelada, la huella y el color.

Ivan Romero



Las montañas primaverales ciñen una guirnalda de nubes y de vapores; allí, el hombre se siente alegre. Las montañas de verano rebosan de frondosidades umbrosas; allí, el hombre está en paz. Las montañas de otoño están serenas mientras caen las hojas; el hombre parece grave y solemne. Las montañas en invierno están cargadas de nubes oscuras y espesas; el hombre permanece lejano y silencioso.

Kuo Hsi (En el Shan-shui shun)

martes, 12 de abril de 2011

Deyabú


Exposición que repite la experiencia de la pasada muestra en Londres, manteniendo el mismo concepto de acercar la pintura de Ivan Romero y la de Rodolfo Villaplana, en esta oportunidad en la Galería "Espacios Libres" del Centro Cultural El Hatillo - Venezuela.

Deyabú

El fenómeno psicológico llamado “dejavú”, la extraña sensación de lo ya visto, suele movilizar el ancestral oficio de la reminiscencia. Su aparición nos interroga la memoria y a través de ella la identidad y el hilo verdadero de la propia historia. Su imprevisto mecanismo homologa e invierte, desde una vivencia ingenua y serena, el de “Lo siniestro”, ese estado opuesto que Freud describió como un sentimiento extraño en lo familiar. El segundo impregna sordamente de angustia lo que en el primero aparece como súbita sorpresa. Ambos nacen de interrogar la cotidianidad dogmatica con una dimensión desconocida. Esa perplejidad tiene el don de relativizar el orden del tiempo, las jerarquías sólidas que igualmente nos sostienen y nos resisten. Para esta exposición, “Deyabú”, con todo el vigor coloquial, parece sugerir con ironía esa suerte de repetición inquietante. Como lo prueba el tiempo, ninguna repetición repite igual, especialmente en las apuestas del arte: los mismos dados cambian en cada tirada.

El final de la pintura o la abolición de su novedad, ya que de eso se trata, gira en el ancho orbe polémico de nuestra época, pero lo cierto es que su crepuscular dictamen pertenece más a la historia del arte que a su ejercicio real. Su constante retorno, el tenaz ejercicio de sorpresa, ilustra que pintar sigue siendo un anhelo remoto y actual, un fervor originario para poblar de sentido todas las culturas, con prescindencia de las épocas. Sabemos que pintar preexiste a la escritura y que su función simbólica ha sido paralela a la del lenguaje. Los vertiginosos medios nuevos y la rebosante civilización digital parecen haberla enviado a la prehistoria, pero su impulso siempre vuelve. No se trata de la mala salud de hierro de un género que se resiste, sino de la presencia irreversible de una condición central de la expresión humana. Su trazo ha distanciado y aproximado al mundo, y lo ha reformulado desde las paredes de las cuevas hasta nuestros días; también acostumbra a retornar sobre su propia historia para repasarla, revisarla y reflexionarla; una afirmación poderosa de que su trascendencia ocurre dentro de sí misma.

David Hockney había sostenido que la invención de la fotografía en 1839 no era la muerte de un arte, como a veces se sostuvo, sino su continuación, el perfeccionamiento de las cámaras oscuras, los espejos y los artificios ópticos que habían desarrollado los pintores desde siglos atrás. La fotografía tan sólo habría incorporado la química a la exploración de aquellos ingeniosos gabinetes renacentistas. En algún sentido, es el mismo soplo de la pintura, la incansable avaricia del ojo antiguo que atravesaba la ambición del daguerrotipo. Igualmente, es ese mismo arcano imaginario el que sostiene tanta ingeniería visual actual, ya desprendida del oleo y el pincel al que continúan. No obstante, aquel vínculo original persiste vivo, no como ceremonia iniciática del arte, sino como protoplasma de la visualidad, oferta que se muestra ineludible desde la infancia. Nos resulta enfáticamente vigente en un tiempo que disuelve los sentidos lineales de la historia y sus fetichizadas etapas. No hay allí repetición en la pintura, sino comentario desde el oleo mismo. Distinta que la ciencia, el arte no requiere el progreso: en el origen está la meta solía decir K Kraus.

El intento de pintar, retomar el color y las formas, adquiere por ello en Rodolfo Villaplana el carácter de una doble afirmación. Su experiencia no desconoce la historia, el diseño, y los nuevos desarrollos que su pintura retoma como diálogo y rememoración. Esa conciencia contemporánea se expresa en la práctica de esbozar situaciones clásicas, con recorridos vigorosos del óleo, para hacer visualmente tratable las extrañas condiciones humanas, sus estados límites, con proyectos de captación de lo sufriente, narración inacabada, señal con que la pintura nos indica su propio nacimiento para redimir lo real. Un espacio dislocado, exasperante, suele acompañar ese interior puesto afuera.

En el caso de Ivan Romero, su ahondamiento en las formas prescinde de todo compromiso que no sea “el momento”, ese vellocino de oro de los impresionistas, ilustrando que el impresionismo no pertenece tanto a la historia del arte como a la eterna épica del instante. En este caso, con envolturas subjetivas en paisajes locales, presencias mínimas y vértigos anímicos del Caribe, con los que hereda, sin duda, la vocación histórica por la luz que caracteriza nuestra pintura. Ese magma vivencial procura demorarse en resonancias que susciten prolongadas reminiscencias y amplíen la meditación.

Ambos pertenecen a una generación venezolana más suspendida, sin deudas con la historia, las corrientes y las academias, por lo que avanzan naturalmente a renovar la pureza del origen, una primigenia fidelidad a la dicha elemental de la pintura.

Fernando Yurman




Más fotografías

jueves, 10 de febrero de 2011

Pinturas Recientes, Final de la temporada 2010


Esta etapa de mi pintura se desarrolla a partir de la observación de fenómenos naturales tales como la bruma que se arremolina y se disipa en la montaña, las bandadas que migran de un lugar a otro, la solemnidad que provocan un alba o un ocaso, lo diminuto como las manchas encontradas en el florecer de una bromelia o una orquídea, el movimiento de los peces en un estanque, o la descarga de semillas de un árbol de caoba que giran y flotan en el aire. Todas estas observaciones y vivencias se traducen a través de un proceso de resemantización exaltando las sensaciones y emociones recogidas de tales experiencias que luego se proyectan a la pintura para develar entonces estados mentales / espirituales. Se busca también despertar en las personas que entran en contacto con mis pinturas estados de reflexión y contemplación que les permitan comprenderlas desde sus propias emociones e interioridad.



Gotas de azar - 2010 . Acrílico/tela . 153x176cm


Ensueños - 2010 . Acrílico/tela . 160x180cm


Cielo enrarecido - 2010 . Acrílico/tela . 160x180cm


Corazón en llamas
- 2010 . Acrílico/tela . 188x148cm


Éxodo - 2010 . Acrílico/tela . 81x178

domingo, 9 de enero de 2011

Arte Proceso

Experiencia de producción abierta al público

Tras algunas reuniones con Pedro Sanz, director encargado de Artes Visuales del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) surge la idea de dar inicio al proyecto que se bautizó con el nombre de “Arte Proceso”, el cual no debe confundirse con el conocido “Arte Procesual” (desarrollado entre el 18 de Julio y el 10 de octubre de 2010) mismo que abordamos un grupo de artistas integrado por tesistas y exalumnos del IUESAPAR / UNEARTE. Éste proyecto tenía la clara intención de generar un dialogo abierto entre los artistas y sus procesos creativos con la mirada de los espectadores que se acercaban a las salas Rómulo Gallegos (RG) I y II.

La manera bastante novedosa, para Venezuela, si se quiere, consistió en recrear los talleres de producción de cada participante en los espacios expositivos, brindando así la posibilidad de mostrar abiertamente al público los modos y las operaciones plásticas, generando de forma dialógica un encuentro con los otros, esos para quienes tradicionalmente están vedados estos procesos; por otra parte el hecho de que las personas que se acercaban tuvieran la oportunidad de generar conversaciones en las que preguntaban todo aquello que no comprendían, donde planteaban preguntas casi comunes sobre qué es lo que uno hace, cómo lo hace, y tantas otras, las cuales a su vez exigían de cada uno de nosotros reflexión constante y eso, a mi modo de ver, contribuyó a generar un pensamiento crítico en torno la propia producción.

De esta experiencia surge una especie de conciencia más clara en torno a mi trabajo, contribuye a madurar en cierto grado la pintura que venía haciendo, pero el fenómeno más importante de toda la experiencia fue el aprendizaje obtenido al dialogar con la gente, al escuchar sus comentarios sobre lo que veían, lo que sentían, lo que se les activaba al plantarse frente a mis piezas y luego ver cómo sus pensamientos e interpretaciones, en algunas oportunidades coincidían con mis intenciones, con mis sensaciones y emociones en torno a las pinturas, a cada una de ellas.