martes, 17 de noviembre de 2009

ANTECEDENTES PERSONALES

“La creencia de que la naturaleza es caótica y que el artista pone orden en ella es, en mi opinión, un punto de vista muy absurdo. A lo máximo que podemos aspirar es a poner orden en nuestro interior. Es lo que sucede cuando un hombre traza su camino en el momento adecuado.”
Williem de Kooning

De niño soñaba con ser piloto de guerra, afortunadamente ese sueño nunca se cumplió. Por el contrario, gracias a diversas circunstancias y accidentes de la vida, a muy corta edad entro en contacto con la naturaleza viva. Jugar entre los jardines que tanto cuidaba la abuela, lirios, rosas, diminutas florecillas de todos los colores, las palmeras violeta, los crotos de singulares y atractivos colores y manchas, los árboles frutales de todo tipo, las quebradas en las que pululaban peces multicolor, los cafetales en rojo encendido, los maizales amarillos como el oro, las gallinas saraviadas, los patos de plumaje violeta tornasol, los loros y guacamayas… la vida hecha color y sonido y movimiento.

En momentos reflexivos he buscado en la memoria y me he topado con toda una vida de recuerdos, siento que de una u otra manera el haber vivido tantos años en el campo, rodeado de el exuberante color que él genera, el haber vivido tantas experiencias alegres y otras no tanto, fueron moldeando lo que con los años se convertiría en detonante para mi vocación por la pintura, considero que toda esa sensibilización a la que me expuse de niño ha ido aflorando con el paso del tiempo y claro está, con el ejercicio de la pintura.

Mis primeros pasos formales en la pintura se dan hacia el año 1990 al ingresar a la Escuela de Artes Plásticas de San Cristóbal donde cursé un bachillerato en humanidades mención artes plásticas, de la mano de maestros cuyo trabajo arraigado al costumbrismo, el paisaje andino, las escenas de arados con bueyes, las siembras de claveles y pompones, las montañas nubladas, las casitas de bareque y tantas otras imágenes de esa tierra mágica formaban parte de las propuestas de pintores como Pedro Barrientos, Elcer Becerra, los hermanos Melani, Luviro, y otros maestros cuyos nombres escapan a mi memoria, quienes fuertemente inspiraron el amor por las Artes, especialmente la pintura y la escultura.

Tras varios años de copiar del natural y seguir los pasos de la escuela andina y generar una producción enmarcada en la representación del paisaje natural, ingreso en la carrera de Diseño Gráfico, con la cual los paradigmas de la imagen varían, descubro nuevas posibilidades expresivas en el estudio de normas y leyes compositivas, ejercicios de color y toda una serie de estructuras comunicacionales, el estudio de las vanguardias, el descubrir a todos esos movimientos de principios de siglo pasado y transitar por la historia contemporánea del arte motivan nuevas aventuras en mi mundo visual, tal vez uno de los detonantes más importantes fue leer a Kandinsky, descubrir el Abstraccionismo Lírico, esto conllevó a nuevas experimentaciones en la pintura a pesar de estar en una escuela de diseño.

En esta temporada (1997) desarrollo gran cantidad de ejercicios de tintas y acuarelas, exploraciones con la aguada, en las que empiezo a descubrir grandes posibilidades expresivas en la mancha, en el color, de una u otra manera ligadas a la otrora idea de paisaje, pero por supuesto ya no de ese paisaje natural, representativo, si no, del paisaje mental.

Tras mucha experimentación, aciertos y desaciertos empiezan a surgir una serie de pinturas a partir de año 2000 que van a tornarse los antecedentes definitivos de la propuesta que hoy desarrollo, es decir, son los primeros pasos dentro de la abstracción, la mancha y el color como elementos expresivos de eso que he dado por llamar paisaje mental, término que acuñaran los informalistas al referirse a las pinturas notablemente atmosféricas de su temprano predecesor August Strindberg.


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